Buscar en Seth Finora

6 de noviembre de 2019

Cuento Uno: El regreso


La belleza
Se despertaba todas las mañanas con ánimo pálido, cachorra al lado, entre sábanas de buena marca, o eso decía su madre a todas las señoras gordas, fruncidas, opacas y ácidas que visitaban la casa cada que querían, cada que las llamaban, cada que veían, cada que compraban, cada que parloteaban. Intentaba tragarse el orgullo de otra vida, de sobrellevar la vergüenza, el deshonor de estar postrado, de ser un don nadie, de estar impedido de ser el iconoclasta disidente que quiso ser, de haber nacido en ese cuerpo endeble, exangüe, posheco y holgazán, meditando o respirando o pretendiendo usar cualquier otra técnica que había leído hace más de una década ya, pero que parecía ahora no ser de mucha ayuda. Entonces, pensaba que por qué en esa familia, que por qué sin plata, que por qué hace pocos meses lo tenía todo, que viento en popa y soplando a favor figuraba la vida, no hace mucho, tan lisa, tan llana, y ahora todo revertido, todo enrevesado.