En esta
ocasión –de acuerdo con lo expresado en la anterior entrada de esta sección del
blog–, quiero sincerarme con los pocos lectores (si acaso alguno) de estos
apuntes. Desde luego, no haré esto acerca de todo mi transcurso temporal en lo
que denominamos vida.
Pues bien,
es cuestión sabida también –o, por lo menos, es lo que sé– que es simple y
sencillo hablar de valor, coraje, motivación, emprendimiento, entusiasmo, impulso
o fortaleza cuando todas las expectativas, los deseos y planes llegan a un fin conforme
con lo previsto.
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| Hechos tan bellos como el atardecer |
Durante el
tiempo que invertí como supervisor de miniproyectos de desarrollo, tuve que empoderar (como dicen los
contemporáneos) a jóvenes desguarnecidos de energía o estima hacia sí; esto
debido a monocromáticas vivencias y vicisitudes en sus cortos años. En aquel
entonces, eso me parecía una acción que no requería mayor esfuerzo porque no
había nada en el mundo que me hiciera tan y más feliz como poder proveer una
mano de apoyo. Más que la satisfacción personal de poder ayudar, me
reconfortaba la manera en la que ellos y ellas asimilaban su autoconocimiento,
autopercepción y la sabiduría proveniente del interior; y además, ver cómo
transferían lo aprendido hacia su actividad exterior y comportamiento.