En esta
ocasión –de acuerdo con lo expresado en la anterior entrada de esta sección del
blog–, quiero sincerarme con los pocos lectores (si acaso alguno) de estos
apuntes. Desde luego, no haré esto acerca de todo mi transcurso temporal en lo
que denominamos vida.
Pues bien,
es cuestión sabida también –o, por lo menos, es lo que sé– que es simple y
sencillo hablar de valor, coraje, motivación, emprendimiento, entusiasmo, impulso
o fortaleza cuando todas las expectativas, los deseos y planes llegan a un fin conforme
con lo previsto.
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| Hechos tan bellos como el atardecer |
Durante el
tiempo que invertí como supervisor de miniproyectos de desarrollo, tuve que empoderar (como dicen los
contemporáneos) a jóvenes desguarnecidos de energía o estima hacia sí; esto
debido a monocromáticas vivencias y vicisitudes en sus cortos años. En aquel
entonces, eso me parecía una acción que no requería mayor esfuerzo porque no
había nada en el mundo que me hiciera tan y más feliz como poder proveer una
mano de apoyo. Más que la satisfacción personal de poder ayudar, me
reconfortaba la manera en la que ellos y ellas asimilaban su autoconocimiento,
autopercepción y la sabiduría proveniente del interior; y además, ver cómo
transferían lo aprendido hacia su actividad exterior y comportamiento.
Claro
estuvo que no todos lo lograban; de hecho, una de las preguntas que aún estoy
intentado contestar es: ¿por qué algunas personas son más propensas a actuar y
reaccionar de forma positiva que otras frente a una situación azarosa?
(entiendo que la pregunta podría parecer tonta, pero quiero comprender a
profundidad por qué ocurre una tendencia en específico y encontrar qué medidas
se podrían llevar a cabo para impedirla o impelerla) –creo que la respuesta
está en las neurociencias–.
Ahora:
quizá las últimas líneas se asemejaron a libros de autoayuda, metafísica o
sacadas del Thrive Movement, pero pretendo
que sea una pregnancia en su inteligencia la idea principal de lo tecleado previamente.
Sin más
preámbulo, vayamos al meollo de este asunto. Hace algunos meses culminé los
estudios universitarios (sobre estos escribiría toda una entrada completa), por
ahora, solo sepan que esto es algo que no me contenta en demasía. Lo que sí me
alegró fue haberlos terminado, ¡por fin! Finalmente –creía– podría hacer lo que
quería hace varios meses atrás. Al principio, así fue. Me deslindé y enrumbé camino
a los andes centrales peruanos con unos amigos, ¡fue divertido!
A mi
regreso, por desgracia o por gracia, a mi madre le detectaron cáncer en el
endometrio, lo cual cambió el panorama completo de mis próximos pasos hacia la
culminación de mis verdaderos sueños. A parte de la situación emocional en la
que nos vimos envueltos [mi familia], que fue dirigida con mucha mesura y
madurez –agradezco que por muchos años se me inculcó a no reaccionar
descontroladamente (es decir, sin neurosis) ante circunstancias complicadas
como el deceso, y más bien plantarse con firmeza ante la adversidad y proseguir
con diligencia y discernimiento (no se malinterprete esto con asentimentalidad),
vale decir, inteligencia emocional–,
aconteció otra que no esperaba tanto, la financiera, la que sí me aterró más
que un poco.
A este
inconveniente, se sumaron algunos otros más. Paralelamente, había logrado
obtener un trabajo y estaba en proceso de capacitación; como yo vivo en una
habitación arrendada, dependo del internet que esta vivienda me suministre; he
allí el problema; justo en los días de capacitación el internet brilló por su
ausencia. Así mismo, la universidad me advirtió de que no podía graduarme
porque me faltaba un curso electivo (si bien había acabado todos los cursos
tanto no-electivos como electivos, al parecer me faltaba un crédito electivo –punto
que nunca mencionaron antes–). Como imaginarán una coyuntura a la que no estaba
acostumbrado, no en los últimos tiempos. Porque pienso que siempre debiéramos
buscar la mejoría, siempre y progresivamente.
En este
párrafo, como no podía faltar, me gustaría echar a rodar la mente –como no es
costumbre–, y por razón que juzgo (y sé que juzgarán) de no-superflua; pues si
bien la acumulación de percances fue, para mí, pesada de sobrellevar (o lo es),
quisiera clarificar y que consideremos, como seres humanos de viso, que cada
uno de nosotros siente y vive de diferente manera; quiero decir, tenemos
experiencias distintas, a veces (en la mayoría de casos), experiencias que
percibimos complejas en extremo. Y estas líneas son para algo, menos para
implorar o provocar piedad, pena, y mucho menos compasión. Valoremos el
sentimiento no-neurótico de todos, procedamos con ponderación –y cuando
necesitemos cambiar, dediquemos tiempo y energía a ello–.
El motivo
por el que escribo está reglones más abajo; no obstante, soy adicto a dejar las
ideas lo más claras posible. Ergo, debía crear el párrafo anterior.
Ahora bien:
basado en la habilidad de resiliencia del ser humano, y luego de los primeros
impactos emocionales que recibí, ¡pum! Me impuse ante el destino con brío y
gallardía, como debe ser. Sabía que debía tomar la rienda y disponer de lo que
tenía y era para trepar y sobreponerme.
Felizmente,
pude acabar con la capacitación y ahora ya estoy laborando para esta empresa de
traducción audiovisual y localización. Además me atreví, como no lo habría hecho antes, a invertir gran
parte de mis ahorros en un negocio, aparentemente, muy riesgoso llamado Revenue Share (del cual hablaré en
videos y otras entradas de blog, en la sección «finanzas personales»). Esto
último, espero, en ocasiones con ansiedad, que salga de lo mejor. Pero estoy
seguro y tengo confianza en que así será. Al mismo tiempo, he recomenzado mi
producción en YouTube y mi intención es hacer de este blog un medio de ingreso
a través de Google Adsense. Esto, como siempre, requerirá de un poco de
perseverancia, como ya dije, así es siempre.
Este es el
foco, la luz al final del túnel, el alfa y el omega, la salvación, etc. La
constancia, la perseverancia, el trabajo duro, un poco de suerte, la prudencia
y el bien-hacer, para buenos y malos, ángeles y demonios, calmados y traviesos,
el fruto de las indicadas acciones es igual al cumplimiento exitoso de las
mismas. Para citar una frase malgastada: «en todo reto existe una oportunidad
de mejorar.»
Ahora, como escribió
alguna vez una buena y estimadísima amiga mía, sal a cantar tu canción.

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