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26 de octubre de 2016

Mi historia de superación diaria

En esta ocasión –de acuerdo con lo expresado en la anterior entrada de esta sección del blog–, quiero sincerarme con los pocos lectores (si acaso alguno) de estos apuntes. Desde luego, no haré esto acerca de todo mi transcurso temporal en lo que denominamos vida.

Pues bien, es cuestión sabida también –o, por lo menos, es lo que sé– que es simple y sencillo hablar de valor, coraje, motivación, emprendimiento, entusiasmo, impulso o fortaleza cuando todas las expectativas, los deseos y planes llegan a un fin conforme con lo previsto.
Hechos tan bellos como el atardecer


Durante el tiempo que invertí como supervisor de miniproyectos de desarrollo, tuve que empoderar (como dicen los contemporáneos) a jóvenes desguarnecidos de energía o estima hacia sí; esto debido a monocromáticas vivencias y vicisitudes en sus cortos años. En aquel entonces, eso me parecía una acción que no requería mayor esfuerzo porque no había nada en el mundo que me hiciera tan y más feliz como poder proveer una mano de apoyo. Más que la satisfacción personal de poder ayudar, me reconfortaba la manera en la que ellos y ellas asimilaban su autoconocimiento, autopercepción y la sabiduría proveniente del interior; y además, ver cómo transferían lo aprendido hacia su actividad exterior y comportamiento.


Claro estuvo que no todos lo lograban; de hecho, una de las preguntas que aún estoy intentado contestar es: ¿por qué algunas personas son más propensas a actuar y reaccionar de forma positiva que otras frente a una situación azarosa? (entiendo que la pregunta podría parecer tonta, pero quiero comprender a profundidad por qué ocurre una tendencia en específico y encontrar qué medidas se podrían llevar a cabo para impedirla o impelerla) –creo que la respuesta está en las neurociencias–.

Ahora: quizá las últimas líneas se asemejaron a libros de autoayuda, metafísica o sacadas del Thrive Movement, pero pretendo que sea una pregnancia en su inteligencia la idea principal de lo tecleado previamente.

Sin más preámbulo, vayamos al meollo de este asunto. Hace algunos meses culminé los estudios universitarios (sobre estos escribiría toda una entrada completa), por ahora, solo sepan que esto es algo que no me contenta en demasía. Lo que sí me alegró fue haberlos terminado, ¡por fin! Finalmente –creía– podría hacer lo que quería hace varios meses atrás. Al principio, así fue. Me deslindé y enrumbé camino a los andes centrales peruanos con unos amigos, ¡fue divertido!

A mi regreso, por desgracia o por gracia, a mi madre le detectaron cáncer en el endometrio, lo cual cambió el panorama completo de mis próximos pasos hacia la culminación de mis verdaderos sueños. A parte de la situación emocional en la que nos vimos envueltos [mi familia], que fue dirigida con mucha mesura y madurez –agradezco que por muchos años se me inculcó a no reaccionar descontroladamente (es decir, sin neurosis) ante circunstancias complicadas como el deceso, y más bien plantarse con firmeza ante la adversidad y proseguir con diligencia y discernimiento (no se malinterprete esto con asentimentalidad), vale decir, inteligencia emocional, aconteció otra que no esperaba tanto, la financiera, la que sí me aterró más que un poco.

A este inconveniente, se sumaron algunos otros más. Paralelamente, había logrado obtener un trabajo y estaba en proceso de capacitación; como yo vivo en una habitación arrendada, dependo del internet que esta vivienda me suministre; he allí el problema; justo en los días de capacitación el internet brilló por su ausencia. Así mismo, la universidad me advirtió de que no podía graduarme porque me faltaba un curso electivo (si bien había acabado todos los cursos tanto no-electivos como electivos, al parecer me faltaba un crédito electivo –punto que nunca mencionaron antes–). Como imaginarán una coyuntura a la que no estaba acostumbrado, no en los últimos tiempos. Porque pienso que siempre debiéramos buscar la mejoría, siempre y progresivamente.

En este párrafo, como no podía faltar, me gustaría echar a rodar la mente –como no es costumbre–, y por razón que juzgo (y sé que juzgarán) de no-superflua; pues si bien la acumulación de percances fue, para mí, pesada de sobrellevar (o lo es), quisiera clarificar y que consideremos, como seres humanos de viso, que cada uno de nosotros siente y vive de diferente manera; quiero decir, tenemos experiencias distintas, a veces (en la mayoría de casos), experiencias que percibimos complejas en extremo. Y estas líneas son para algo, menos para implorar o provocar piedad, pena, y mucho menos compasión. Valoremos el sentimiento no-neurótico de todos, procedamos con ponderación –y cuando necesitemos cambiar, dediquemos tiempo y energía a ello–.

El motivo por el que escribo está reglones más abajo; no obstante, soy adicto a dejar las ideas lo más claras posible. Ergo, debía crear el párrafo anterior.

Ahora bien: basado en la habilidad de resiliencia del ser humano, y luego de los primeros impactos emocionales que recibí, ¡pum! Me impuse ante el destino con brío y gallardía, como debe ser. Sabía que debía tomar la rienda y disponer de lo que tenía y era para trepar y sobreponerme.

Felizmente, pude acabar con la capacitación y ahora ya estoy laborando para esta empresa de traducción audiovisual y localización. Además me atreví, como  no lo habría hecho antes, a invertir gran parte de mis ahorros en un negocio, aparentemente, muy riesgoso llamado Revenue Share (del cual hablaré en videos y otras entradas de blog, en la sección «finanzas personales»). Esto último, espero, en ocasiones con ansiedad, que salga de lo mejor. Pero estoy seguro y tengo confianza en que así será. Al mismo tiempo, he recomenzado mi producción en YouTube y mi intención es hacer de este blog un medio de ingreso a través de Google Adsense. Esto, como siempre, requerirá de un poco de perseverancia, como ya dije, así es siempre.

Este es el foco, la luz al final del túnel, el alfa y el omega, la salvación, etc. La constancia, la perseverancia, el trabajo duro, un poco de suerte, la prudencia y el bien-hacer, para buenos y malos, ángeles y demonios, calmados y traviesos, el fruto de las indicadas acciones es igual al cumplimiento exitoso de las mismas. Para citar una frase malgastada: «en todo reto existe una oportunidad de mejorar.»

Ahora, como escribió alguna vez una buena y estimadísima amiga mía, sal a cantar tu canción.

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