Cuando nos encontramos en la senda exquisita; esa en la cual nos sentimos tan cómodos y de la que no desearíamos salir jamás…
| La Senda Exquisita |
Que en ese amanecer sientas
que tus pensamientos y realidades – que te encantaron y disfrutaste durante
tanto tiempo – se convierten en nada, una nada afluente y espesa; la cual no es
tomada en cuenta por nadie; que sientas que desaparecen y te quedas en un todo
inexistente.
Además, imaginas que el
mundo no te complace pero te aterra la idea de morir, te aturde saber que todo
lo que conoces y todos a los que conoces dejen de ser parte de tu absurdo.
Que te levantes un alba, y
reflexiones sobre tu quehacer hasta ese momento de tu continuidad, que notes que no has servido para nada, ni
aun para ti. A ti que te satisface el placer en cantidades voluptuosas,
extravagantes y apáticas; y que gozas haciendo lo que se te venga en gana, sin
importar lo que las críticas eternas comenten sobre ti. A ti que menosprecias a
todo aquel que se cruce ante tu mirada, prejuzgando y sojuzgando atrozmente,
incluso antes de que pronuncie palabra alguna. A ti que ayudas a tus conocidos
dándoles dardos de pena y depresión; sin embargo, les pides que sean fuertes
como tú, que manipulen sus emociones y sentimientos a su antojo. Pero pides
demasiado, porque ni squiera pueden controlar su disciplina, aún menos podrían
hacerlo con cuánto aman, odian o repudian, cuánto anhelan, detestan o abominan,
cuánto se complacen creyendo mentiras que ellos mismos quisieran erradicar de
sus memorias – mas por factores inestables no se dan el lujo de ir a la deriva
o tener un flujo pasivo en la vida (aquella vida que les acompaña cada
miserable día).
Podría contarles más sobre
cómo me siento en este momento, pero no deseo llorar imaginándolos ardientes de
pasión fúnebre porque se apenan de mí. Debo confesar que el sentirse
intranquilo, inseguro, perdido, decepcionado, inservible, ignorante, sofocado e
impotente es, de cierto modo, tragicómico, porque vislumbro, a mi vez, la
fruición en aborrecer a ustedes que leen esta historia llena de desesperación
inconsolable.
Porque, a cada momento, se
siente como si necesitaras de algo, algo que has rechazado por todos los años
que has vivido, algo que hallas incomprensible; y que discriminaste como si
fuera un niño hambriento en la acera y tú pasas comiendo un apetecible
manjar...lo ignoras.
Sabes que la única salida
de tu miseria interior está dentro tuyo; empero, tratas y tratas pero no logras
salir de ese estado paralizado y perturbador; intentas e intentas sacarte los
pensamientos aturdidores y no lo logras, no tienes ganas de hacer nada. Deseas,
sí, llorar, y lo haces, pero una vez que tu espíritu se encuentra exhausto,
vuelve la angustia y posa su figura en tu ser. Entonces, de un momento a otro
sientes ganas de gritar, y así se realiza, quedas afónico, te duele la garganta
y tu limitación física te retorna, de una manera refleja, a tu aflicción y
congoja. Sigues buscando soluciones para detener tu pesar, mas el
desconocimiento obnubila tu cordura. No obstante, desde lo más oscuro de tu
filosofar algo ligero está advirtiendo que permanece una salida abierta para
que escapes de tu martirio perpetuo…
La obstrucción de dicha aún
sigue arraigada en cada espacio que existe entre un átomo y otro, en cada
abismo de vacuidad inmerso dentro las células y entre ellas. Esta oscurece la
beatitud, sofoca la alegría, neutraliza y enmudece la gratitud, irrumpe la
felicidad de la existencia de los condenados inocentes, espanta la inocencia de
creer que siquiera – por obra y gracia – en algún momento de la cavilación
imparable, la satisfacción puede tomarse como real, y no solamente como una
simple mentira cultural y social que todos añoran encontrar en determinada
circunstancia de sus fugaces vidas, sin tener éxito. Las preguntas brotaban
como petróleo de un pozo, negras, sin poder imaginar respuesta alguna cuando
miraba sus letras.
No sé cómo se consigue, no
sé cómo obtenerla, me he dado cuenta que existe más de una salida y que todas
son viables, todas son alcanzables, todas asequibles; por la que yo ingresé fue
extraña, quizá desconocida – o puede que no. En este mundo, en este entorno, la
satisfacción, la complacencia, el júbilo, el deleite, el jolgorio, la
benevolencia, la excitación de ser, de no tener cargas propias ni ajenas ni del
mundo son verdaderas. No hay manera que pueda describir profundamente y con la
explicitación perfecta el contenido de este hecho, por así denominarlo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario